01 mai, 2012



Otoño! que me gustáis mucho, Joder.

Otoño.

Te encontré tomando un café en plaza serrano, en ese bar chiquito, con mesas sobre la plaza. Me encanta, como te dije, plaza serrano. Es un lugar que nunca duerme, en donde siempre hay gente. En donde, no importa la hora que sea, ni cual es tu pena, siempre vas a ser bien recibido, obviamente, por la mínima consumición. Me gustó escucharte pedir un cortado en jarrito cuando pasó la moza, eso me corroboró que mi último mail te había llegado, y que inevitablemente sos atento y de muy buena memoria.
El frío mortal me quemaba la piel, incluso abajo de todas las capas de ropa que tenía. Como era de esperarse, cuando me preguntaste si tenía frío respondí que no, que nunca había estado mejor. Como era de esperase, también, no me creíste, claramente no soy buena mintiendo, nunca lo fui.
La llegada del otoño siempre es buena. Es el mejor momento del año para caminar por buenos aires, a mi parecer. Cuando me invitaste a caminar por palermo me gustó. Me encanta palermo. Es un pequeño edén parisino. O por lo menos lo más cerca que estuve alguna vez de París, como te conté. Ya sabés, no soy buena mintiendo. Nunca lo fui.
Contabas que antes vivías en malabia y no se que otra, cuando cruzabamos por esa placita que está en costa rica y armenia. Y en un momento me perdí. Te seguí a vos. Yo te escuchaba atentísima. Me encanta escucharte hablar. Me gusta como se mueven tus labios, o ese mínimo gesto que hacés con los ojos cuando sonreís. Pasó un rato. otro más.
Cuando me quise dar cuenta estábamos sobre la calle malabia, llegando a santa fe, obviamente según lo que me dijiste vos, por que a esa altura, yo no sabía donde estaba parada. Me señalaste un casa, me contaste que ahí viviste un tiempo solo antes de irte para allá, y sobre lo que te dolía pasar por tu antigua casa en las cañitas, que la estaban demoliendo, junto con otros tantos recuerdos que nunca te llevaste de ahí. Me dio ternura. Muchas ganas de abrazarte. No lo iba a hacer, obvio. Pero las ganas estaban ahí, claro está.
Caminamos unos metros más. Cada vez más cerca de la avenida santa fe, te paraste enfrente de una vidriera con cartel de venta, como buscando algo. Te sacaste los anteojos. Como si de alguna manera, sin ellos fueras a ver mejor por la vidriera, como si más allá del vidrio hubiera algo más que vos y yo reflejados en él.
Fue una estrategia casi infantil, pero efectiva. Cuando me paré a preguntarte que pasaba, me agarraste de la mejillas y apretandome contra vos me diste un beso. Fue un poco violento, no te voy a mentir. No soy buena mintiendo, nunca lo fui. Pero el siguiente fue mejor, y el otro mejor, y el que le siguió ni te cuento.
Y después me abrazaste, y me quería quedar ahí.
Por que el otoño, y el frío, y palermo, me dan ganas de abrazar.


Y además me gustas, no te voy a mentir.

No soy buena mintiendo.

Nunca lo fui.

30 avril, 2012

Que gane el quiero la guerra del puedo
                                                                    Que el fin del mundo te pille bailando.