Llenar cada rincón con armonías de barriada, con cantos de esquina, con eso que dicen las canciones de amor.
Gargantas astutas, carcajadas pícaras, millones de sonrisas.
La panza pipona de cerveza, y clarines que resuenan en cualquier grupo de tres.
La reina, la esperanza de saber. De crear movimiento. De mover la creación.
El pueblo que la saluda. Las señoras que se sientan a escuchar. Los viejitos que abren las ventanas para que entre.
Los que nos queremos, los que nos odiamos, estamos todos sentados en la misma mesa, tomando del mismo mate, respirando del mismo aire.
Pasan, dicen, hablan, parlan, blablean. Cantan.
Impunemente camuflados con una satírica manta.
Escuchen, Oigan!
Hoy habla la murga.