17 décembre, 2012

Córdoba y Canning.

Nunca vi llover en Córdoba y Canning.
Pero esta vez si. No era nada convencional.
Esas 4 semanas se habían pasado volando.
Me acordé de pronto cuando te conocí. Antes de saber que tenías casi 30, jamás lo hubiera sospechado.
Dicen que el deporte y todo eso mantiene joven. Pero para mi era por que había algo especial en vos.
Mezcla de frescura de lechuga criolla y simpatía centro americana. Tus ojos eran negros.
Pero de un negro profundo. Aquel negro del cual no se puede distiguir la púpila del resto del ojo.
Aquel negro con un brillo especial. Pero no especial como cualquiera. Especial, especial.
Apenas me abrazaste la piel se me puso rara. Me estremecí de alguna manera nada familiar.
Te miré entonces. Y me dijiste tu nombre. Tu nombre intachable.
Y después dijiste "Como Fumar pero Y".
Los días que siguieron traté de no pensar en eso. Pero cuando el destino te plantea ciertas situaciones a veces es innegables.
Cuando escucho a alguien decir causalidad, ahora le creo.
Por que no creo que fuera ninguna casualidad encontrarnos unos 3 días después.
Fue inmediato. No se si era amor. Capaz que si. Pero mientras tanto mi cabeza te pensaba ensamblando sushi. Bailando tango. Todas esas cosas maravillosas y a la vez extrañas que hacías.
Todo lo que te conformaba.
Te imaginaba volviendo en un avión para buenos aires. Por que la creías tan mágica.
Cualquiera podría decir que la estación de subte de la línea "b" Pueyrredón, no es exactamente la locación más romántica de esta ciudad. Cualquiera lo podría decir, menos yo. Ni el coliseo romano se le hubiera comparado para recibir el beso más lindo que me hubieran dado.
Pero eso fue todo. Desaparecer es una habilidad muy interesante e intrigante que se les da a ciertos individuos. (Y lamentablemente este no era la excepción)
Entonces era el último día que vos estabas en buenos aires. Cuando me lo dijiste me quedé helada.
hubiera preferido no encontrarte el mismo día de tu partida.
Talvez todo hubiera sido menos apocaliptico para mi.
Y vos diciendome que yo era muy chica. (Muy chica para que? para arriesgarse por lo que uno quiere?)
Esas fueron nuestras últimas palabras.
Y cuando te miraba me esquivabas la mirada.
Y cuando te sonreí no vi el brillo aquel.
Bajé las escaleras tratando de que nadie me viera escapar llorando.
Y corrí por avenida córdoba tratando de esquivar toda pregunta, grito o sugerencia posibles de terceros.
Por que yo creí que los finales felices en estas circunstancias existían.
Tenía frío. Nunca había sentido tal frío.
Por que no solo lo sentía en la piel, sino, en las venas.
Esa noche vi llover sobre Córdoba y Canning.
Esa noche no te vi partir.

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