13 juin, 2013

En una ciudad donde todos miran sus propios ombligos, a miles de kilometros y en otro plano completamente distinto a este se ha dado un fenómeno muy interesante, que actualmente es estudiado por los mejores científicos del mundo.
Aproximadamente la mitad de la población no puede dormir, por los problemas de tortícolis que ha generado tal patrón evolutivo en la raza humana, sin hablar de lo difícil que es conseguir una almohada que calce en un cuello que se encuentra en ángulo recto incluso cuando el cuerpo se deposita en forma horizontal.
Es una lástima tener que decir, que otro de los factores que identifican a ésta mínima pero no poco importante ciudad, es que sus habitantes desconocen por completo la existencia de un cielo azul o estrellado. 
Dichas personas han perdido la posibilidad poética o artística que otorga una mirada a un cielo autentico, y solo se pueden guiar por algún relato de algún forastero, que gentilmente retrata para los ancianos más interesados como se encuentra el cielo ese día. Pero más triste es aún decirles, que los interesados en saber como es el cielo son casi tan escasos como los forasteros relatores de las verdades celestiales. 
Por dicho fenómeno, también se ha perdido la costumbre en esta pequeña civilización de decir "día" o "noche", o "Que hermoso día soleado" o mismo "Que hermosa luna llena". 
Triste es para esta humilde relatora, tener que continuar contandoles, que lamentablemente estos individuos nunca se han visto en un espejo, no han podido nunca observar sus facciones, sus dientes, como se ve una sonrisa suya, y ni hablar de que nunca han visto sus propios ojos. Eso. Los ojos.
Más triste es aún decirles que estos tristes ciudadanos, jamas han experimentado aquella pequeña alegría interna que puede provocar un simple mirada. Ni en la calle, ni en el colectivo. No son ciegos, sino que se han vuelto ciegos, por no querer ver realmente. En este caso podríamos destacar que se han salvado tal vez de alguna triste realidad, por no querer verla. Pero cuanto son capaces de perder por no aceptar parte de lo que son! 
Inútil, pero necesario es comentarles que estas irremediables victimas evolutivas jamás de los jamases han probado el exquisito placer de besar unos labios deseados, e inutil y casi imposible es enamorarse si: nunca viste el cielo lleno de estrellas, o nunca pudiste ver una mirada genuina en alguién. 
¡Cuidado! ¡Es contagioso!
Se propagan y viene de a montones, con el virus en la sangre y la cabeza gacha.
Esta humilde relatora se despide diciendo:
¿Te imaginas como será el ombligo del de al lado?

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